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“De los canarios heredó nuestro campesinado, principalmente,

su seriedad, su honradez, su sentido del honor, y también su rebeldía”

Fidel Castro Ruz

Se reirán la lectora y el lector, pero la Historia de estas siete islas y de sus habitantes es así de sorprendente. Una Historia que jamás fue contada desde una perspectiva justa y respetuosa. Pues cuando no fue narrada al compás de oraciones y arengas, fue escrita con la letra temblorosa de un niño que teme a la vara de su maestro.

 

Quiero hablar de un canario del que muy poco se conoce en esta tierra, pero que en la vecina Venezuela es un símbolo nacional. El cronista herreño D. José Padrón Machín definió a este personaje como “sin duda, el más notable de los herreños”. Me refiero al valeroso Capitán D. Juan Francisco de León.

 

Nacido en nuestra isla de El Hierro, el 19 de marzo de 1699, Juan Francisco emigró muy joven a Venezuela, que en aquel entonces era también colonia española. Allí ingresó en el Ejército español obteniendo muy pronto el grado de Capitán.

Fue el fundador de la Villa de Panaquire -actual Estado de Miranda-, donde inició el cultivo del cacao. En Caracas se casó con Dª Lucía García -descendiente de canarios-, con la que tuvo 14 hijos.

Por su honradez y su iniciativa en el sector agrario, pronto fue elegido Teniente de Justicia Mayor por los vecinos de esta comarca, en su mayoría indios, negros y canarios.

Muy pronto, el impresionante desarrollo agrícola promovido por los campesinos canarios del Panaquire, chocaría con los intereses de la Compañía Guipuzcoana. Esta empresa de capital vasco, fuertemente adscrita al régimen colonial, gozaba del monopolio de exportación de todos los productos agrícolas, haciendo imposible el desarrollo económico de los pequeños y medianos agricultores venezolanos.

Ejerciendo su mandato, Juan Francisco de León denunció los abusos cometidos por esta compañía en contra de los intereses de los campesinos. Por esta razón fue relegado de su cargo, sustituyéndole el vasco Martín de Echevarría. En este mismo instante, se levantó una insurrección popular que más tarde daría como fruto la primera independencia americana.

Lo que empezó siendo un motín de cientos de hombres, pronto se convirtió en un levantamiento general de ocho mil campesinos armados que, dirigidos por el Capitán Juan Francisco de León, se enfrentaron contra el Ejército español hasta tomar Caracas.

Sitiada la Plaza Mayor de Caracas -actual Plaza del Libertador Simón Bolívar-, residencia de los gobernadores de la colonia, nuestro compatriota exigió al Capitán General de Venezuela, D. Luis Castellanos, la disolución inmediata de la Compañía Guipuzcoana. Tras la negativa de Castellanos, las tropas de Juan Francisco emprendieron una dura batalla que culminó con la expulsión del Capitán General hacia España. El cese temporal de la Compañía llegaría de la mano del nuevo Capitán General, D. Julián de Arriaga, quien además ofreció el indulto a los rebeldes.

Sin embargo, pronto la metrópoli lanzaría su ofensiva, sustituyendo a Arriaga por Felipe Ricardos, un militar español despiadado que no tardaría en anunciar la reconstitución de la Compañía. Fue en este momento cuando Juan Francisco de León llevó a cabo su segunda ofensiva, partiendo desde el valle del Tuy. Esta vez sus reclamaciones tendrían intenciones independentistas.

Al contrario que en la primera marcha, y debido al carácter político de la misma, el clero y los pequeños terratenientes de Venezuela negaron su apoyo al isleño. Ricardos se habría encargado de coaccionarles.

Enterada la Corona española de las intenciones de Juan Francisco, no tardó en fletar un gran ejército que le perseguiría por toda la selva venezolana. Además de los dos mil soldados venidos de España en dos naves de guerra, vendrían tropas de Puerto Rico, La Habana y Cumaná. Las fuerzas rebeldes estaban entonces dirigidas por Juan Francisco de León y cuatro de sus hijos, a cuyas cabezas Ricardos ya había puesto precio.

Tras una larga y cruenta persecución, traicionado por un compatriota herreño, Juan Francisco es capturado por el ejército español en febrero de 1752. No tardan en desterrarlo a Cádiz (España), donde muere en la cárcel a los pocos meses. Un destino parecido tuvieron sus hijos, que le acompañaron en la batalla hasta el último momento.

Su casa de Caracas, conocida como “La Casa de La Candelaria”  -actualmente un centro cultural de la emigración canaria a Venezuela, en la que se erige la Iglesia de Candelaria, fundada por él mismo-,  fue quemada y sembrada de sal, poniéndole un cartel que decía: "Esta es la justicia del Rey nuestro señor mandada hacer por el Excelentísimo Señor Don Felipe Ricardos, Teniente General de los Ejércitos de su majestad su Gobernador y Capitán General de esta provincia de Caracas, con Juan Francisco de León, amo de esta casa, por pertinaz, rebelde y traidor de la Real Corona y por ello reo. Que se derribe y siembre de sal por perpetua memoria de su infamia".

Sin embargo, la sangre canaria no sería olvidada por la Corona española. En la misma cárcel de La Carraca en Cádiz, moriría en 1816 el Libertador D. Juan Francisco de Miranda, otro canario ilustre procedente del Valle de la Orotava (Tenerife). Su apellido, además de dar nombre a uno de los estados más prósperos de Venezuela,  está esculpido en el Arco del Triunfo de París por ser considerado uno de los héroes de la Revolución Francesa. Su retrato cuelga en la Galería de Personajes del Palacio de Versalles. Fue el creador de la bandera tricolor venezolana y el primero en proclamar la Independencia de este país en 1806.

Sin duda, algún día D. Juan Francisco de León tendrá el homenaje que merece en nuestra tierra. El mismo homenaje que merecen tantos héroes canarios sumidos en el olvido por la amnesia que sufre este pueblo nuestro. Un pueblo que permanece adormecido, autocondenándose al olvido. Un pueblo que hoy ignora la sombra de lo que fue. José Martí -Libertador de Cuba- y Simón Bolívar -Libertador de Venezuela- son otros ejemplos de descendientes de canarios en América. 

Tampoco sabrán todos esos canarios que han ido al cine a ver la película “Guerrilla” -sobre la última batalla del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia-, que sus más valerosos guerrilleros, Miguel -Manuel Fernández Osorio- yPachungo -Alberto Fernández Montes de Oca-, eran descendientes directos de canarios. Al igual que Juan Francisco de León y Francisco de Miranda, todos ellos murieron traicionados por sus semejantes, por querer acercarles un mundo más justo.

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